¿Es justo pagar por aplicaciones y programas?

Muchas veces asusta ver una aplicación de pago, ver que vale 1 o 2 euros hace que nos replanteemos muchas veces el adquirir la aplicación y vamos en busca de una alternativa gratuita. Lo cierto es que si exploramos en Google Play Store o en la App Store podemos encontrar aplicaciones que hacen lo mismo y encima son gratis. En ese momento debemos decidir si gastarnos lo que puede costar un café en una aplicación o bien optar por otra opción que no nos cueste nada.

El hecho de no valorar el esfuerzo que supone crear algo intangible puede ser una barrera muy grande a la hora de empatizar con los desarrolladores y poder entender que cierto software tiene que ser de pago. Un ejemplo claro son aplicaciones de edición de video como el catálogo de Adobe donde podemos pagar una suscripción o la famosa aplicación Final Cut Pro, que cuesta la friolera de 329,99 €.

Ventajas e inconvenientes de comprar una aplicación

No hace falta decir que la mayoría de apps de pago no contienen anuncios ni compras integradas, todo el contenido debería estar disponible tras la compra, sin sorpresas. Otra de las ventajas es que el soporte suele ser mucho más estables, con actualizaciones habituales para mantener el software cuidado y sin problemas de compatibilidad con dispositivos. Además muchas veces estas actualizaciones ayudan a mantener la seguridad de nuestros dispositivos.

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También podemos encontrar que el soporte y las funcionalidades que tenemos a disposición son mucho mejores. Al final y al cabo no vas a tener que lidiar con todos los problemas que supone una aplicación gratuita: falta de soporte, anuncios, abandono de la aplicación, contenido de poca calidad o problemas de estabilidad. En definitiva es un producto más y por ello podemos exigir un poco más del software.

Lo que hay detrás

La principal razón por la que una app es de pago es porque existe un grupo de personas que trabaja para desarrollar el software y eso ni es gratis ni puede mantenerse a largo plazo sin una fuente de ingresos. Y como he dicho las apps de pago no suelen traer anuncios por lo que necesitan poner un precio al software. El problema es que no estamos acostumbrados a pagar por algo que no podemos tocar (al menos en el mundo del software), aunque el móvil sea probablemente el aparato que usamos más durante el día.

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Comprando una app ayudamos a equipos, emprendedores e incluso empresas que intentan llevar al mercado sus ideas. Además al hacer esto motivamos a desarrolladores a lanzar sus productos y muchas veces pagar una pequeña cantidad de dinero es la motivación justa para recompensar ese trabajo. Si queremos tener un buen catálogo de apps con buenos productos debemos intentar potenciar los buenos servicios, de esta manera tendremos más opciones en las distintas plataformas.

“El desarrollo de una aplicación implica un trabajo complejo y especializado”

Al final todo se basa en la calidad, si pagas la tienes y eso en el mundo del software es complicado de ver por los usuarios. Por otro lado varios estudios han demostrado que los usuarios de iOS están dispuestos a pagar más dinero por las apps que los de Android, por eso verás que existen muchas más de pago en el ecosistema de Apple, pero suelen ser  estar mucho mejor diseñadas y funcionan de maravilla. Aunque también debemos tener que cuenta que los controles de calidad que Apple impone a los desarrolladores son mucho más estrictos, unas veces debido al contenido del software y otras debido a los  intereses económicos que hay detrás de lanzar un app.

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Pagar o no por una aplicación es una decisión propia y sin duda podemos subsistir con aplicaciones gratuitas, pero llega un punto en que eres más selectivo con lo que instalas en tus equipos y buscas más la calidad que la funcionalidad en su mínima expresión. Podemos verlo como una inversión dado que nuestro móvil es probablemente lo que más miramos durante el día, pagar por algo que utilizamos tantas veces quizá no sea tan doloroso.